Written by Lucía on 12.6.09
Sigo en la tónica de las historias atrasadas que no publiqué en su momento.
Esta manda cojones, aunque ya fuese esperada, calculada y supuesta por todos nosotros.
Ya no es suficientemente complicado borrarse una del registro de hostias impuestas... (que, los que lo hemos intentado, sabemos que es el último coñazo... si es que de verdad se puede, al final).
Para más inri, es que da igual.
Y digo yo... teniendo en cuenta que esta panda de gilipollas religiosos de una u otra convicción jamás han sido elegidos por nosotros (simplemente porque el bautismo tiene lugar demasiado pronto, cuando nadie puede elegir en absoluto...)
... ¿De qué manera? ¿Es posible, de alguna... cualquier forma... desligarse de un culto que, ni nos pertenece, ni nos complace... ni nos representa... y, es más, al cual nos toca los huevos, pero mucho, pertenecer?
¿Es posible, de alguna manera?
Y, si es así, ¿alguien podría, por favor, decirme cómo?
Porque ya yo no sé.
Y, sinceramente, me ha llegado hasta los cojones.
NO quiero pertenecer a la iglesia católica, ni a ninguna otra.
NO quiero que me consideren parte de algo que desprecio, y, mucho menos, que con mis impuestos se financie un asunto que me parece asqueroso.
¿Qué hace falta para que, en un supuesto "estado aconfesional", se permita a la gente desligarse de una serie de creencias a las que jamás ha accedido?
En muchas ocasiones, delante de mí, la gente ha tachado este asunto de absurdo, o "sin importancia"
Pongamos un ejemplo. Supongamos, tal vez, que, nada más nacer, nuestros padres nos registraran directamente en la "Iglesa de la Cienciología", o en el Opus Dei, o en... o en... - por qué no -, o en cualquiera de los cultos satánicos?
¿No sería el tema controvertido, de una forma u otra?
¿Por qué nadie se plantea jamás la legitimidad del bautismo católico?
¿Por qué coño tengo yo que pertenecer a una religión que desprecio, hasta el infinito?
Manda cojones.
De verdad.
¿Qué hace falta, blasfemar masivamente?
Pues me cago en dios y en su puta madre.
Me cago en la virgen santísima, en el espíritu santo y en la gracia de dios.
Me cago hasta en los santos sacramentos, en las hostias consagradas, en el misterio de la santísima trinidad.
¿Ya? ¿Por favor me excomulgan?
Seguramente no. Los números cuentan, se cague una en lo que se cague.
Seguramente importa tres cojones en lo que se cague una, mientras las estadísticas a las que pertenece sigan financiando a la cohorte de hijos de puta santos varones que, según mi bautismo, me representan.
Que conste que jamás, nunca, jamás, aceptaré semejante representación.
Que conste, simplemente, si no por otra cosa, por pura vergüenza.
Por puritito disgusto.
Por puro asco.